
Un chofer con 25 años de carretera revela por qué los asientos te duelen más después de los 50 (y no es tu edad)
Después de los 50 perdemos el colchoncito natural que tenemos sobre los huesos de las pompas. Las empresas de transporte lo saben. El mismo asiento que a los 40 se aguantaba, a los 60 se vuelve insoportable, y justo entonces empiezas a pagar más por ir "cómodo". Don Ramiro, chofer de camiones de pasajeros durante 25 años, explica cómo se diseñó el asiento alrededor de eso.
¿Cambiando de pompa a la segunda hora? ¿Bajando del camión cojeando? La culpa es del asiento, no de tu edad.
Si en cada viaje te la pasas acomodándote en el asiento, buscando un alivio que nunca llega...
Si le has echado la culpa a "los años" cuando bajas de un viaje largo sin poder enderezarte...
Si te has descubierto viendo precios de los asientos de lujo solo para dejar de sufrir...
Entonces necesitas leer cada palabra de este reportaje.
Porque lo que te voy a contar explica por qué todo lo que has probado ha fallado y, sobre todo, cómo miles de viajeros están resolviendo un problema que el transporte metió a propósito en cada asiento económico.
Me llamo Ramiro. Manejé camiones de pasajeros durante 25 años, casi siempre rutas largas: Guadalajara, Monterrey, la Ciudad de México, la frontera.
Dejé el volante hace dos años, después de más kilómetros de los que puedo contar.
Pero después de lo que descubrí (los asientos adelgazados a propósito, el silencio, el dinero que se gana con el dolor de los pasajeros), ya no me puedo quedar callado.
Hay una verdad sobre los asientos económicos que nadie le cuenta al pasajero.
Y es la parte que más coraje me dio...
El problema se hizo a propósito.
Y luego te venden la salida: pagar más para dejar de sufrir.
La llamada que me abrió los ojos
Esta historia no es sobre mi trabajo.
Es sobre mi mamá, doña Chayo.
Trabajó 30 años de cocinera en una fonda, de pie todo el día. Es de las que no se quejan de nada.
El mes pasado se fue en camión a Monterrey a ver a mi tía. Tenían tres años sin verse.
La llamada llegó al segundo día.
"Mijo, no sé qué me pasa."
Le temblaba la voz.
"El camión... a las seis horas ya no aguantaba estar sentada. La rabadilla, la espalda baja... nunca había sentido algo así."
Se quedó callada un momento.
"Ayer me la pasé en cama. Tu tía pidió permiso en el trabajo para estar conmigo y yo casi no puedo caminar. ¿Qué me está pasando?"
Le dije que era el viaje largo, que ya se le iba a pasar.
Pero dos días después me habló mi tía.
"Ramiro, tu mamá no mejora. Casi no se puede mover. ¿Puedes venir por ella?"

La primera vez que me senté donde llevé pasajeros 25 años
Compré boleto para Monterrey al día siguiente.
La misma ruta que manejé cientos de veces.
Pero esta vez no iba al volante. Iba en el asiento 23, como cualquier pasajero.
A las dos horas entendí exactamente lo que había sentido mi mamá.
El asiento no se parecía en nada a los que yo recordaba.
Plano. Duro.
A la tercera hora ya me estaba acomodando a cada rato. A la quinta, me dolía de verdad.
Ahí me cayó el veinte: no era el mismo camión que yo conocía. Algo había cambiado.
Al llegar fui directo con un compañero de los talleres, el que se encargaba de cambiar los asientos. Lo conozco desde hace 15 años.
"Beto, ¿qué les pasó a los asientos? Hoy viajé de pasajero por primera vez. No son los de antes."
Se puso incómodo.
"¿Cuándo dejaste el volante, Ramiro?"
"Hace dos años."
"Pues no te tocó ver lo último. Llevan años así. Cada vez que renuevan asientos, les quitan relleno. Asientos más delgados y más ligeros."
"Los de antes traían un colchón grueso, de varios dedos. Los de ahora son una capita sobre plástico duro."
"¿Y por qué?"
"Asiento más delgado, cabe otra fila. Asiento más ligero, menos diésel. Las aerolíneas de bajo costo hicieron lo mismo con sus asientos 'slimline': más delgados y más ligeros para meter una fila más en cada avión."
Sentí feo.
"¿Y la gente no se queja?"
Movió la cabeza.
"Ese es el chiste. Se echan la culpa a ellos. A la edad. Al peso. A la espalda. Nunca al asiento."
Y luego me dijo algo que no se me va a olvidar:
"Los que sí se dan cuenta se pasan al asiento caro. Los asientos los hacen para que quepa más gente, no para que la gente aguante el viaje."

La trampa que trae cada asiento económico
Los siguientes dos días me los pasé ayudando a mi mamá a preparar el regreso.
Y no podía dejar de investigar lo que me había dicho Beto.
Esto es lo que encontré:
El dolor no viene de "los asientos baratos" ni de "los años".
Viene de que todo tu peso se carga en muy poquito espacio.
Cuando le quitaron el relleno al asiento, no solo lo hicieron más incómodo.
Le quitaron la forma que repartía el peso por todo tu cuerpo.
Un asiento bien hecho tiene una forma que:
- Apoya tus muslos en el ángulo correcto
- Mantiene la pelvis un poquito inclinada hacia delante
- Reparte el peso entre los huesitos de las pompas Y los muslos
- Evita que la rabadilla cargue todo
Al quitar el relleno, se fue esa forma.
Ahora vas sentado prácticamente sobre una superficie plana y dura.
¿Qué pasa en tu cuerpo?
La pelvis se va para atrás. Casi todo el peso de la parte de arriba de tu cuerpo cae en la rabadilla y en los dos huesitos de las pompas. Un área del tamaño de la palma de tu mano carga casi todo tu peso.
Horas así, sin moverte, y el cuerpo empieza a resentirlo.
Una pasajera lo dijo perfecto en un grupo de viajeros:
"Los asientos son completamente planos, no te apoyan los muslos. Me tengo que estar acomodando a cada rato porque me voy resbalando."
Eso no es la edad. No es estar fuera de forma.
Es que ya nada reparte la presión. Y después de los 50 es peor.
De jóvenes tenemos más músculo y más colchoncito natural. El cuerpo aguanta mejor un asiento malo.
¿Después de los 50? Perdemos músculo. Tenemos menos acolchado natural. Los huesos quedan más cerca del asiento.
El mismo asiento que a los 35 era incómodo, a los 60 es insoportable.
No pensaron en los cuerpos que envejecen. Contaron con ellos.

Por qué fallan la espuma, el gel y los inflables baratos
Esa noche me puse a ver qué compra la gente para arreglarlo.
¿Cojines de espuma? Se aplastan con el peso del cuerpo. A la hora ya están mucho más delgados. Y son voluminosos: te ocupan media maleta.
El problema: ponen relleno plano encima de un asiento plano. La rabadilla sigue cargando todo.
¿Cojines de gel? El gel se escurre para los lados, justo lejos de donde lo necesitas.
El problema: al principio se sienten bien, y luego vuelves a ir sobre el plástico. El peso sigue en el mismo punto.
¿Las donas y los inflables baratos? Son una sola bolsa de aire que empuja donde quiere y crea puntos de presión nuevos. Y se desinflan.
El problema: una superficie inestable que no reparte el peso.
El patrón es este:
Todos intentan poner más relleno. Ninguno reparte la presión.
Y eso es justo lo que les conviene.
Cuando el cojín de espuma te falla a la quinta hora de camino, no le echas la culpa al cojín: te la echas a ti.
¿Y la próxima vez? Pagas el asiento caro.
Y tu cojín de tianguis acabó haciéndoles el negocio.

Lo que los hospitales saben desde hace años (y resuelve justo lo que hicieron los asientos)
Estando en Monterrey le hablé a mi esposa, Carmen.
Carmen es enfermera en un área de rehabilitación. Atiende a pacientes en silla de ruedas y se dedica a evitar las llagas por presión.
Lleva años con pacientes que pasan 10 o 12 horas sentados todos los días.
"Ramiro, eso en el hospital lo resolvimos hace años", me dijo.
"¿Cómo?"
"La gente en silla de ruedas no se llena de llagas, y no es porque la silla sea más cómoda: usan cojines de celdas de aire conectadas."
Me explicó cómo funcionan.
"En vez de una sola bolsa de aire grande, son muchas celditas unidas. Cuando la persona se mueve, el aire pasa de una a otra solito. Se reacomoda todo el tiempo."
"Así la rabadilla no carga todo el peso: se reparte por todo el cojín."
"¿Y por qué no los usa la gente para viajar?"
"Porque los del hospital son grandes, pesan casi dos kilos y cuestan miles de pesos. Nadie se sube con eso a un camión."
Ahí supe qué tenía que buscar.

La solución que por fin funcionó
Me pasé cada rato libre buscando.
Encontré una marca mexicana, Viajera, que había hecho lo que Carmen decía que no existía.
Habían llevado el mismo principio de los cojines de celdas de aire a algo que sirve para viajar.
La idea es muy sencilla: en vez de que la rabadilla cargue casi todo tu peso en un solo punto, las celdas de aire lo reparten por todo el asiento.
Así funciona: son 49 celditas de aire conectadas entre sí.
Cuando te sientas, las que están debajo de la rabadilla reciben más presión. Pero como están conectadas, el aire se pasa a las demás y reparte el peso.
La presión que se concentraba en un punto se reparte por toda la superficie.
La pelvis vuelve a acomodarse: las celdas te devuelven la forma que le quitaron al asiento.
No es poner más relleno encima de un punto que duele. Es quitar ese punto.
Esto es lo que hace que Viajera sirva para viajar:
- 49 celdas de aire conectadas, con el mismo principio que los cojines de silla de ruedas
- Solo 225 gramos, menos que una botella de agua
- Se dobla y cabe en cualquier maleta de mano o bolsa
- Se infla en menos de un minuto, con unos 30 apretones a su celda «INFLATE», sin soplar
- Firmeza a tu gusto: un botón en la válvula para soltar aire sin levantarte
Pedí uno para el regreso de mi mamá.

Las 12 horas de camión que lo demostraron todo
El cojín llegó a tiempo para el regreso.
Mi mamá no se lo creía cuando se lo enseñé.
"Ramiro, ya probé cojines de espuma. No sirven."
"Amá, este no es de espuma. Es lo mismo que usa Carmen en el hospital con los pacientes que no se pueden mover. Nomás pruébelo."
Nos subimos juntos al camión de regreso.
Lo infló en su asiento en menos de un minuto. Se sentó.
"Ay... se siente distinto. Siento cómo se acomoda."
"Es el aire que se está repartiendo. Así va a ir todo el camino."
Hora 2: iba leyendo su revista, muy metida.
Hora 4: se quedó dormida. Dormida de verdad, no cabeceando como se duerme uno en el camión.
Hora 7: íbamos platicando de la familia. Se acomodaba normal, a gusto.
De repente se dio cuenta. "Ramiro, no he sentido esa presión. Ni una vez."
Hora 12: llegamos a la central de Guadalajara.
Se paró normal. Sin entumirse. Sin agarrarse del asiento. Sin hacer caras.
Me vio con los ojos llorosos.
"No puedo creer que algo tan sencillo funcione tan bien."
Al día siguiente me mandó un mensaje:
"Ya no me da miedo el próximo viaje. Es la primera vez que lo digo en cinco años."

Los viajes que ya perdiste
Después de ver a mi mamá así, me puse a pensar en lo que de verdad cuesta esto.
No solo el dinero.
Los viajes que no hiciste porque no te sentías capaz de aguantar otro camino con dolor.
Las veces que dijiste "mejor el año que entra" en vez de comprar el boleto.
¿Cuántos eran de esos que no se repiten? Ver a los nietos, a tus papás, a tus hermanas, a las amigas de toda la vida.
Mi mamá me dijo dos semanas después:
"Llevaba cinco años diciendo 'ya estoy muy grande para viajes largos'. Pero no estoy muy grande. Los asientos se pusieron peor. Dejé de ir a ver a la familia porque pensé que era mi cuerpo. Y no era. Era el relleno que le quitaron al asiento."
Eso es lo que más coraje me dio.
No que las empresas buscaran ganar más. Sino que millones de personas se echaran la culpa por un dolor que les metieron en el asiento.
Y luego está la otra trampa: el asiento caro.
Un boleto de lujo en una ruta larga como Monterrey–Guadalajara cuesta unos $150 o $200 más que uno de primera. De ida y de vuelta, en cada viaje. Para dos personas, el doble.
Pagar de más para no sentir un dolor que ellos mismos crearon.
Mi mamá viaja tres o cuatro veces al año. Solo en ella son entre $900 y $1,600 al año para ir "cómoda". Súmale eso año tras año.
O pagar una sola vez por algo que reparte la presión.
Mi mamá me escribió la semana pasada:
"Ya estoy viendo boletos para ir a Oaxaca en vacaciones. Hace años que no me emocionaba así un viaje."
No es un cojín. Es volver a viajar.
Por qué esta oferta no va a durar
Ahorita empieza la temporada más fuerte de viajes del año.
Es noviembre. En todo el país, gente de tu edad ya está comprando boletos para las fiestas: las posadas, la Navidad con los hijos, el Año Nuevo con los nietos, la visita que llevan meses prometiendo.
Para esta temporada se hizo este cojín.
Y también es cuando más rápido se agota.
Te lo digo como es:
La mayoría de los pedidos de Viajera llegan de boca en boca: choferes, sobrecargos, gente como mi mamá que se lo cuenta a todo el mundo.
En diciembre eso corre rapidísimo. Se llenan los grupos de viaje. La gente se da cuenta de que su viaje es en dos semanas y no quiere pasarlo como el anterior.
Así que los pedidos suben cada fin de año, justo cuando más gente viaja:
- Familias que se van de vacaciones largas
- Abuelos que viajan a las posadas, las bodas y las reuniones familiares
- Jubilados que por fin hacen el viaje que llevaban años posponiendo
- Choferes y sobrecargos que se lo recomiendan a todo el que los escucha
Y esta es la parte que más te debería importar...
El viaje de estas fiestas solo lo vas a hacer una vez.
Si tu viaje es en unas semanas y esperas, no hay una segunda versión de ese viaje, la cómoda. Vas a hacer el único que te toca igual que el anterior: acomodándote, adolorida, contando las horas.
Ese es el verdadero costo de esperar. No el cojín. El viaje.
Por eso, la razón práctica para hacerlo hoy y no "luego":
El cojín te lo tienen que enviar, y en plena temporada de viajes las entregas van más lentas. Si lo pides ahora, te llega con tiempo de sobra. Si esperas a la semana de tu viaje, puede que siga en camino cuando ya estés en la central.
Ahorita, mientras haya existencias, un cojín te sale con 20 % de descuento y dos con 43 %.
El segundo no es por venderte más. Si viajas con tu esposo, tu hermana o tu comadre, van sentados en el mismo asiento que tú. Nadie que haya sentido la diferencia quiere ir al lado de alguien que no.
Y cuando se acaba un lote en plena temporada, nadie te asegura que el siguiente regrese a este precio.
Lo que viene con tu pedido ahorita
No es solo el cojín. Cada pedido que sale ahorita incluye regalos que normalmente se venden aparte:
- El antifaz, gratis. Para dormir sentada hacen falta dos cosas: quitarle el peso a la rabadilla y quitarte la luz de los ojos. Casi todos resuelven solo una.
- Los tapones para dormir, gratis. El ruido del camión, la película a todo volumen, la plática de atrás: se acabó.
-
El manual "42 trucos para ahorrar al viajar", gratis en el pack de 2. Te llega a tu correo en cuanto haces el pedido, para que lo leas antes de que te llegue el cojín. Unos ejemplos de lo que trae:
- Un solo truco paga tu pedido. Con la credencial del INAPAM (60 años o más) tienes 50 % de descuento en líneas como ADO, ETN o Primera Plus. Un boleto de $1,000 te queda en $500: en un viaje redondo, te ahorras $1,000.
- Compra tu boleto con tiempo. Los lugares con descuento INAPAM son pocos por camión (en ADO, solo dos). Si llegas tarde, pagas el precio completo aunque tengas la credencial.
- 25 kilos de maleta van gratis en camión, según Profeco. Y cómo pesarla en casa con la báscula del baño.
- Si tu camión se retrasa más de 2 horas, puedes cancelar y pedir que te devuelvan lo que pagaste. Guarda el boleto: sin él no hay reclamo.
El cojín es lo que arregla el viaje. Lo demás hace el viaje más fácil una vez que vas en camino.
Y cada pedido tiene 60 días para devolverlo.
Si no te quita la molestia, lo regresas. Sin preguntas.
RECLAMA LA OFERTA →
Tus dos opciones
Opción uno: seguir aceptando lo que te hicieron
Planeas tu próximo viaje. Estás emocionada, hasta que te acuerdas del camino.
Llega ese miedo que ya conoces.
El día del viaje: te subes. Te sientas.
A las dos horas, te estás acomodando. A la cuarta: dolor. A la sexta: contando los minutos.
Te bajas tiesa, cojeando, agotada.
El primer día de tu viaje lo pasas recuperándote en vez de disfrutar.
Y te echas la culpa.
"Ya estoy muy grande para esto."
Eso es lo que quieren que pienses.
Opción dos: dejar de pagar de más
Pagas una sola vez por algo que reparte la presión.
El mismo principio que usan en los hospitales para quien pasa 12 horas sentado.
Viajas en el asiento normal sin sufrir.
Te subes tranquila. Lo inflas en menos de un minuto. Las celdas se acomodan solas.
A la sexta hora te das cuenta de que llevas un buen rato sin moverte.
Te bajas normal. Llegas lista para disfrutar, no para recuperarte.
Y te ahorras lo del asiento caro.
Mi mamá casi deja de viajar porque al asiento le quitaron un poco de relleno para ahorrar diésel.
Ahora ya está planeando su tercer viaje del año.
Te pusieron una trampa.
No tienes por qué quedarte en ella.
Cojín, antifaz, tapones y e-book, con 60 días para devolverlo.
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P. D. – Desde que vi a mi mamá así, me propuse contárselo a todos los que conozco que viajan. La respuesta ha sido impresionante: gente que ya había dejado los viajes largos está volviendo a comprar boletos. Te pusieron la trampa, pero la salida estaba ahí todo el tiempo.
P. P. D. – Hablé con Viajera esta mañana. Diciembre siempre es cuando más se acaban: todo el mundo viaja, y lo que en noviembre parece mucho, para mediados de diciembre ya no está. Si das clic y todavía dice "Disponible", esa es tu oportunidad: pídelo hoy y te llega mucho antes de tu viaje. Si dice "Agotado", este lote se fue más rápido de lo esperado, y en plena temporada la espera del siguiente puede durar más que el viaje que ya tienes. Que no sea esa la razón para pasar otro viaje contando los minutos. Ya lo has hecho suficiente.
Todo lo que incluye
Un solo truco paga el pedido
El e-book no es un folleto. Son 42 trucos para gastar menos cada vez que viajas, y algunos valen más que todo lo que viene en la caja.
Trucos para pagar menos en boletos de camión y avión, en hospedaje y en comidas durante el viaje.
Usa uno solo, una vez, y el cojín, el antifaz y los tapones se pagan solos antes de que salgas de viaje.
Ya empezó la oferta de noviembre de Viajera
La temporada de viajes de fin de año empieza ahora: las posadas, la Navidad con la familia, el Año Nuevo. Si tienes un viaje largo cerca, este es el momento de pedir tu Viajera. La oferta de noviembre ya está activa y cada pedido sale con regalos gratis, solo mientras haya existencias. Pídelo antes de que se agote con la temporada.